Wednesday, April 15, 2009

Entrevista a Heddy Honigmann (El Olvido)

Un vendedor ofrece jugos de rana para la memoria; un mesero sonríe cada vez que lo tratan mal; un bartender que durante 50 años de trabajo, ha preparado el Pisco Sour para varios presidentes de Perú y ha visto de todo: corrupción, inflación y terrorismo, y un pequeño boleador de zapatos, que carece de todo recuerdo sea malo o bueno. Solo son algunos de quienes viven en Lima, "una ciudad olvidada, con habitantes olvidados", de acuerdo a la documentalista peruana Heddy Honigmann (Forever, The Underground Orchestra, 'O Amor Natural, Dame la Mano) y cuyos testimonios recoge en su excelente y más reciente filme El Olvido que se estrena hoy en el Film Forum. Afortunadamente, Honigmann nos dio una entrevista (¡qué honor!) desde su hogar en Holanda, vía email, en la que habla sobre el proceso de investigación en El Olvido, cómo surgió la idea de filmar en Lima, y si conoce el porcentaje de personas que no logran pasar su terrible censura.

El pisco sour, bebida nacional de Perú/Icarus Films

Christian Del Moral: En una entrevista dijo que casi nunca le preguntan sobre el proceso de la búsqueda o investigación de sus documentales. Este es su momento: ¿podría hablar sobre este proceso en El Olvido?

Heddy Honigmann: Al inicio El Olvido se formó sólo como una película alrededor de meseros y bartenders que habían vivido intensamente la historia del Perú, mientras servían a la clase que gobernana el país. Incluso que habían servido a presidentes y ministros. Hombres (sobre todo) que habían escuchado y sido testigos de tanto y a los cuales nunca nadie les había preguntado nada. Por eso al inicio la película tenía como título "la palabra del mudo" —como un famoso libro de cuentos de un escritor peruano, Julio Ramón Ribeyro—. Pero, de a pocos, durante la research la película creció y otros "servidores" de la clases pudientes, se fueron juntando de una forma natural a los primeros que había encontrado: agregué propietarios de negocios pequeños, algunos vendedores ambulantes y los niños, niñas y muchachos, artistas de la calle que se esfuerzan de ofrecer sus servicios a los pasajeros o chóferes de coches que a veces los ignoran totalmente, lentamente El Olvido se volvió una película sobre la ciudad de Lima, una ciudad olvidada con habitantes olvidados.

CD: ¿Qué la hizo volver a Lima?

HH: Casualidad. Fui de vacaciones a visitar a mi madre que vive allá. No tenía la intención de pensar en un nuevo proyecto. Una tarde fuimos a comer a un restaurante de calidad y vi a un mesero que reconocí. Cuando nos vino a servir le dije que me recordaba de él y le pregunté si ya trabajaba hace mucho tiempo en ese restaurante: ¡40 años! Y así que de pronto le pregunté: "ah, usted ha visto entonces tantos golpes de estado, ¿ha vivido la corrupción y el terrorismo?" Ese mesero, el señor Gómez, cada vez que venía a nuestra mesa nos contaba una de las cosas que había vivido desde los años 70, ese día nació esta idea fílmica y fue, como ya conté: ¡una historia sobre la ciudad de Lima!

María con sus hijas Lala, Esmeralda y Estefania/Icarus Films

CD: Dice que se tiene que enamorar y sentir una curiosidad, de quienes logran entrar
en sus filmes. Pero ¿qué porcentaje no logra dicho honor?

HH: No le podría decir. Mi intuición es bastante buena cuando me acerco a la gente... ¡y no me recuerdo bien de aquellos que no pasaron mi censura terrible! Me recuerdo de los que me enamoré... ¿qué porcentaje? Difícil de calcular, no sabría decirle, estaría mintiendo. Lo que si es cierto es que pocas veces me ha sucedido de filmar a alguien por el cual no sienta ¡curiosidad!

CD: Cada personaje en El Olvido, tiene un don muy especial desde el que vende jugos
de ranas, hasta el bartender (¡qué espero siga trabajando!), pero los jóvenes que hacen trucos en la calle, no sabemos casi nada de ellos. ¿es su forma de representar el silencio con que muchos peruanos viven?

HH: Más bien la anonimidad en la que la mayoría de la gente vive: aquellos que viven o duermen en la calle, aquellos que ya 20 años viven en una casita de 2 x 3 metros, más un corralón pequeño para cocinar y lavar la ropa... aquellos que guardan sus recuerdos como joyas y otros que no se recuerdan para poder sobrevivir y la mayoría que sólo puede escoger entre dos enfermedades mortales: el Sida

El horror/Icarus Films

CD: Una de las secuencias más tristes, además de escuchar los golpes de los pobres
delfines en ese pequeño estanque, es cuando uno de los niños dice no tener ningún sueño o recuerdo. Tal vez es impensable, digo incluso una de las niñas que trabaja en la calle, quiere ser gimnasta. Todavía sigo pensando en esa escena, ¿cuál es su opinión?

HH: Henry, el lustrador de calzado que no tiene memoria (ni para lo bueno, ni para lo
malo), Stefanía, que sí tiene deseos de ser campeona olímpica de gimnasia. Es terrible decirlo pero creo que Henry es un muchacho al que le hace bien no recordarse. El tiempo pasado tuvo algo mejor.
El Olvido se exhibe en el Film Forum (209 W Houston St.) desde hoy y hasta el próximo martes 21. Funciones: 1:00, 3:15, 6:00, 8:00, 10:00

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