Wednesday, August 19, 2009

Reseña: La Mujer sin Cabeza

¿Qué hace una persona después de un hecho traumático? Si entramos al mundo real que Lucrecia Martel proyecta en su tercera producción La Mujer sin Cabeza —que hoy se estrena en Nueva York— de todo y nada aparentemente. Vero, interpretada por la excelente María Onetto, anda por la carretera y en un descuido irresponsable —al tratar de sacar su celular— ¡zaz! le pega a algo. ¿Qué fue? Tal vez fue un perro o uno de los niños pobres que andaban jugando por ahí.

Después de un ligero golpe, sigue en movimiento y unos minutos más tarde se detiene, al momento que comienza a llover. Nunca voltea o intenta regresar al lugar de los hechos, ¿qué perdió en ese momento? No sabemos, pero la cámara de Martel nos deja entre ver un bulto mientras a distancia parte el carro, ¿pero será cierto lo que vimos? No realmente, ya estamos sumergidos en la mente de su protagonista.

Vero llega al hospital público, en donde los asistentes luces tal y como aquel niño que pudo haber matado en la carretera ¿o fue un perro? No espera más, tremendo shock y parte, Vero ha perdido literalmente la cabeza y para evitar más desastres se recluye en un hotel. Su primo llega en su auxilio, no solo emocional sino sexual. A paso lento, regresa a su casa, en donde se nota fuera de lugar, con un semblante ausente.

Se sabe que alguien fue encontrado en el río, cerca donde fue el accidente, Vero trata de por fin afrontar su realidad y externa sus preocupaciones: "creo que maté a alguien", dice a su esposo. No hubo tal accidente, una respuesta un tanto predecible, siente ella. Mientras todo mundo sigue obsesionado por la fuerte lluvia que cayó el fin de semana, o que han manoseado el mantito de la virgen, ella insiste en saber que pasó. Asiste al hotel y al hospital donde fue atendida, sin muchos resultados. No hay rastro de su estancia, ¿habrá sido un sueño?

Ella no es la única que no desea enfrentar las consecuencias de sus actos, a partir del accidente claro, y ni que decir de aquellos que tampoco quieren decirle la verdad (¿ecos de la dictadura?). Su cuñada no quiere ver que su hija está viviendo un romance en su propia casa con una de sus amigas; nadie repara en la locura de la madre y la sobrina no sabe si debe de contestar o devolver una carta de amor, mientras trata de besar a Vero.

Y no es que los hombres están de adorno, sus acciones son más convencionales ya que son quienes mantienen la autoridad y dictan lo que se hará. Tanto su esposo, como su primo han borrado cualquier pista que pudiera conducir a lo que realmente pasó. ¿Se conformará ella con eso? Después de La Ciénaga, La Santa Niña y ahora La Mujer sin Cabeza, una trilogía notable, Lucrecia Martel ofrece lo que consideramos el mejor filme de su corta pero impresionante trayectoria.

A diferencia de sus anteriores trabajos, este drama existencial que sigue la línea de su estilo personal narrativo y visual, mantiene un clímax que requiere atención. El camino puede que esté lleno de dudas y con datos imperceptibles, pero una vez que pasa el accidente no es fácil dejar sola a esta endeble y misteriosa mujer, presa de sus propios sentimientos.
La Mujer sin Cabeza se exhibe en el Film Forum (209 W Houston St.) desde hoy y hasta el próximo 1 de septiembre. Funciones: 1:00, 2:45, 4:30, 6:15, 8:00, 10:00

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